La arquitectura popular en el Bajo Cinca

Cuando hablamos de las diferentes formas de construir, lo podemos hacer de muchas y variadas maneras, y seguramente todas ellas serán válidas. La cuestión consiste en encontrar la tipología idónea para la situación geográfica en la que se construirá.

La arquitectura vernácula o tradicional de una zona es la que responde a las necesidades del entorno, a la evolución que se ha llevado a cabo o a factores del terreno. Es por ello que, por ejemplo, las viviendas en el área del Bajo Cinca son tan diferentes a las del Pirineo, porque cada zona tiene una climatología o un relieve diferentes, o han seguido una evolución socioeconómica distinta.

El Bajo Cinca, se caracteriza por tener un clima continental, siendo por norma general el verano caluroso y el invierno frío, con unas precipitaciones medias entre 300 y 400 mm anuales. Destaca por ello la aridez del entorno, particularidad que se aprecia en el paisaje de la zona. Otra de las características climáticas que tiene el Bajo Cinca y que afecta de una manera importante a la arquitectura local es el cierzo, viento que proviene del Oeste/Noroeste. Este hecho provoca que se eviten aberturas con esas orientaciones, dando más importancia al Sur/Sureste.

Una de las principales características de la arquitectura vernácula es la utilización de materiales del entorno. Es evidente que, hace unas decenas de años, la gente no disponía de los medios necesarios para traer materiales específicos de otras zonas, ni había una diversificación de materiales de construcción tan variada y abundante como la que hay hoy en día, por lo que se debían aprovechar los recursos que ofrecía la tierra en el área concreta. Sin embargo, esa regla no era siempre exacta: la madera utilizada en algunas viviendas sí que provenía del Pirineo, bajando por el Cinca por medio de las “navatas”, transporte fluvial de la misma hasta que las presas y pantanos lo hicieron inviable.

Hablando de las viviendas en la zona del Bajo Cinca, podemos destacar que los materiales más utilizados tradicionalmente han sido el adobe, el ladrillo o la tapia, aunque la mampostería también se ha utilizado con frecuencia para la construcción de casas. La arcilla es un bien común en la comarca y por ello es tan frecuente el uso de materiales derivados, como pueden ser las baldosas, el adobe o los ladrillos. Estructuralmente, los pilares suelen ser de piedra; en cambio los forjados y cubiertas tienden a ser de madera. La cubrición de dicha cubierta es con teja cerámica y los falsos techos suelen ser de cañizo y yeso. Por otro lado, la tabiquería puede variar del adobe al cañizo y yeso.

En los núcleos urbanos de la zona es frecuente construir en solares estrechos y entre medianeras. La orientación de las viviendas, sobre todo cuando se trata de casas aisladas, es norte/sur. Como podemos imaginar, en núcleos urbanos es más complicado definir las orientaciones, ya que dependen mucho del orden que se siguiera en la evolución de las diferentes civilizaciones y del relieve de la zona. En el caso de orientaciones claras norte/sur las aberturas de la vivienda son mucho más amplias al sur que al norte, y generalmente se suele aprovechar para distribuir la casa de tal manera que si solo hay una planta habitable, la cocina y el comedor estén al sur y las habitaciones al norte. En caso de haber dos plantas habitables, se dividen la cocina y comedor en primera planta y las habitaciones en la segunda.

Hablando de la distribución de las viviendas, en planta baja el elemento más importante es el patio, el cual se acostumbra a utilizar de distribuidor hacia las bodegas, cuadras o escaleras del acceso superior. También es común la construcción de bodegas soterradas, lugar donde la temperatura se mantiene constante a lo largo del año y solía utilizarse como espacio de almacenamiento. En los patios habitualmente encontramos dos entradas diferenciadas y separadas entre ellas. En principio era para separar la entrada de animales de las personas, por ello frecuentemente una es bastante más amplia que la otra.

La cubierta es de pendiente suave, ya que no existen riesgos de nevadas, y suelen ser  a dos aguas hacia las fachadas. En el Bajo Cinca se estila el alero, el cual se utiliza normalmente como elemento ornamental, ya sea de madera, ladrillo o cañizo con yeso. Las viviendas de la zona suelen ser de dos a tres plantas, estando en la primera y segunda planta los balcones o en algunos casos tribunas y en la parte alta de la casa ventanas más pequeñas para iluminar el desván o “l’angorfa”. En algunos casos, estas ventanas están formadas con arcos de medio punto. Es común en esta última planta la construcción de una pequeña terraza o mirador, siempre intentando orientarlo al sur, por lo que lo importante no es si da a la fachada principal o posterior, sino su orientación.

En las ventanas se solía poner una contraventana o “porticó” para poder estar mejor aislado térmicamente en invierno, ya que los vidrios eran simples o inexistentes. Importante decir que la carpintería era de madera en todas sus expresiones, fueran puertas, ventanas o contraventanas.

A nivel urbanístico, como se ha comentado anteriormente, el crecimiento urbanístico podía estar afectado por muchas circunstancias, pero en los núcleos urbanos se intentaban realizar calles estrechas para provocar sombra con los edificios, añadiéndole a ello la construcción de balcones y aleros. En la zona del Bajo Cinca, además, se intentaba evitar la entrada del cierzo en el núcleo para que no se produjera el aumento de velocidad en las calles. Con ello se permitía una ventilación suficiente sin la molestia que puede provocar el viento fuerte.

A modo de conclusiones, nos gustaría destacar la importancia de mantener y recuperar el espíritu de la construcción tradicional, de observar qué se ha hecho a lo largo de la historia en la zona donde se va a construir para así aprender de nuestros antepasados e intentar aplicar esos conocimientos a los nuevos materiales, tecnologías y formas constructivas, aportando un valor añadido a la arquitectura local. Es importante recalcar la importancia de una buena orientación y distribución de las viviendas, analizar la situación geográfica, tomar la correcta elección de materiales para el buen funcionamiento térmico, acústico y estructural de las casas, adoptar medidas pasivas de protección solar como aleros o contraventanas y finalmente aprovechar las medidas activas que nos ofrece el mercado para mejorar tanto las deficiencias del pasado, como lo que ya estaba bien hecho.

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